31122006
Vuelvo contenta de Cantoblanco en tren. Próxima parada: Atocha. Subo hacia la plaza del Reina. Un niño está sentado solo y con cara de pena en un bordillo. Es tan pequeño que parece imposible que le haya dado tiempo a estar tan triste. Llega otro niño. Se sienta a su lado, bocadillo en la izquierda, lo mira como si se conocieran desde la prehistoria y, sin hablar, pasa su brazo derecho sobre los hombros del otro. Cuando vuelve la vista al frente como si suspirara, veo toda su vida en sus ojos.
Estos dos niños son el tiempo.
