25/10/2006

En la consulta del médico

Los últimos y desesperados intentos ya no son intentos, sino esa baza que no deberíamos haber jugado. No son intentos ni siquiera para quienes los llevamos a cabo porque nacen muertos. La última copa con la que probamos a hacer más soportable la que iba a ser una noche de fiesta, el último cigarro para tranquilizarnos fumado a las puertas del edificio del hospital donde llevamos horas, la última llamada hecha sin esperanza de ser descolgada, la conclusión que redunda en el escueto informe.
Más o menos por algo parecido a todo esto, a todo este excedente de acciones y a una cantidad similar de su opuesto por defecto, es decir, de omisiones, y otros muchos factores concurrentes, estaba yo allí, en medio de un parque de atracciones abandonado, en la consulta del Doktor del pasado.
Colores chillones y polvorientos. Moles de metal retorcidas y silenciosas. Luces y letreros de neón apagados. Muñecos de feria articulados en posturas de pausa. Atracciones con espejos factoriales.
El Doktor habla y el verde de sus palabras hace que me cuele entre sus dientes. El pasado en su sonrisa es tan remoto como Chtulú, pero tan manejable y productivo como las tablas de multiplicar.
El Doktor parece un filósofo antiguo fantaseando con cosmogonías.
- “Todo ser generado y sujeto a las revoluciones temporales tiene un pasado, elige el tuyo, elige todos los que quieras”.
El Doktor del pasado no es partidario de los métodos introductorios y me inicia directamente. Bromea con mis intocables. Se ríe de mi obsesión por permanecer a este lado, a un solo lado. Abre mis piernas y agrieta el suelo entre ellas. Me cuenta un chiste mientras la grieta bajo mis pies se ensancha y se convierte en precipicio.
- “Por qué empeñarse en una carta, querida, pudiendo jugar con todas las cartas de la baraja, con todas las cartas de todas las barajas de todos los tiempos”.
Del abismo que se abre bajo mis piernas llueven hacia arriba cientos de naipes que revolotean por toda la consulta, todos boca arriba y todos del reverso. Y todos tienen su cara. Todos son Jokers que suben flotando de lo insondable.
- “El pasado os seca y a mí me reverdece, yo soy verde musgo, soy la humedad exprimida del paso del tiempo”.
Me meto en su boca, el interior del Doktor del pasado es ácido como un limón verde. Me disuelve. En él están todos los pasados, todos los recuerdos, todos los rostros, la arena de todos los sueños -…arena y limón… veranos ahogados…- todas las posibilidades sincrónicamente. El Doktor es la puerta al pasado quántico.
Me da a besar las bocas del pasado, primitivos con sabor a reptil y escribientes con pieles de pergamino, códigos géneticos, enzimas, proteínas. La reverberación de las ondas sonoras de todas las palabras pronunciadas a lo largo de la historia del ser humano me acaricia, el Doktor me acaricia, mete sus dedos entre los pliegues de mis circunvoluciones cerebrales y se los lleva a la boca para saborearlos, saborear mi pasado químico, comérselo, apropiárselo, recorrer con su lengua todo mi historial sináptico.
- “He probado vidas más jugosas, querida, no tienes tanto que ofrecerme, vas a tener que ir abandonando mi consulta, la Humanidad me espera”.
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19/10/2006

PARASEXO en la droguería

El Niño Muerto no les gusta a las niñas. Dicen que es por su olor, que huele a tristeza. Y es que un día estaba tan triste que el asunto se le fue de las manos y se murió de pena. El Niño Muerto sólo tiene un amigo, CabezadeCaja. Cuando el Niño Muerto no soporta más su pesar, CabezadeCaja le deja meterse en su cabeza y el Niño Muerto se siente mejor. El Niño Muerto no quiere que las niñas le sigan rechazando por su olor así que se ha ido con CabezadeCaja de compras a la droguería, sección productos de limpieza. Ahora todas las mañanas se quita el corazón y lo mete en lejía mientras desayuna. El hábito ha acabado por dar resultado: el pequeño corazoncito ha perdido su olor propio y ya no huele al corazón del Niño Muerto, ahora podría pertenecer a cualquiera

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13/10/2006

PARASEXO en la Audiencia Nacional

He apoyado en la mesa de la sala de prensa la cámara y todos mis bártulos periodísticos para poder sacar una birra de la máquina durante el descanso cuando he sentido que detrás de mí había alguien. Me he girado y un policía de 1´90 con uniforme, pistola y porra me estaba mirando fijamente. He tardado en reaccionar. Es Santi. Éramos dos chavales cuando íbamos juntos al cole hace ya 20 años. Nos apretamos la mano con afecto y recordamos lo bien que lo pasábamos, sin preguntarnos nada que no queramos saber. Regresamos al juicio juntos y antes de que se reanude nos damos un abrazo largo y fuerte que me hace sentir su pistola en mi bazo. Todos nos miran sorprendidos. Nunca imaginarían que es el mismo chico bajito y flacucho que me dio mi primer beso mientras me cogía suave una mano


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PARASEXO en el plano paralelo

Aunque sus padres, que gustan de pompa y boato, le bautizaron como Hexaedro, él prefiere que le llamen Cubo; su abuelo, el Gran Dodecaedro, dice que es para llamar la atención. Desde que era un cubito no ha parado de escuchar la rancia perorata del abolengo y los ancestros de su familia, la de los Poliedros Regulares. Tras superar el rito de madurez, mediante el cual fue inscrito en la esfera, a Cubo le presentaron a la que sería su futura conjugada, una Octaedra, también regular, por supuesto. Y aunque Cubo reconoce su buena figura, sus elegantes líneas y la limpieza de sus ángulos, teme jugar a los equilibristas sobre sus agudos vértices. Él se siente más seguro apoyado en una cara paralela a las suyas, en la rectitud de ángulos de otros cubos como él


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PARASEXO en el vestidor

El avatar físico se despierta y a duras penas pone su masa en movimiento. Desde que Aceleración no forma parte de sus ecuaciones, las mañanas exigen un gasto de fuerza desproporcionado, y no precisamente en hacer “x”. Levantarse de la cama requiere un vector fuerza de modulo 25, dirección vertical y sentido ascendente. Subir la persiana un vector fuerza de módulo 5 de igual dirección y sentido. Contempla las pésimas condiciones meteorológicas y se pregunta, ¿qué ficción me pongo hoy? Entra en su enorme vestidor y busca algo apropiado para un día de lluvia y viento. Impecablemente planchadas cuelgan de sus perchas la ficción de la energía y la ficción de la potencia, inmediatamente descartadas por su colorido. Al final se decide por una gastada ficción de diario, un espacio-tiempo gris de invierno
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PARASEXO en la ventana

Es mediodía y el sol blanquea las páginas. La chica está leyendo “La mancha humana” en el salón de su casa, tumbada en el sofá perpendicular a la ventana, bebiéndose la luz a medias con Philip Roth. Sin previo aviso siente que hace tiempo que sus piernas no abrazan a nadie. Le gustaría ser un objeto tan inanimado como una horquilla y agarrar con la fuerza del metal y que no se escape ni un pelo. Cambia el libro de mano para pasar a sostenerlo con la izquierda. Está de espaldas al cristal. El vecino de enfrente mira por su ventana. Está viendo a una chica que parece que lee, aunque hace tiempo que no pasa página. “¿Qué miras?”, le pregunta su novia, que ha llegado por detrás sin que él se percatara. “Nada -responde sobresaltado- una mancha en el cristal”
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PARASEXO en la Plaza de la Luna (Plz. Sta Mª Soledad Torres Acosta)

Recién llegado de Barcelona, Álex Jardí sale en busca del distrito cómic de Madrid. Preferiría estar en Inglaterra y sin embargo se encuentra callejero en mano casi en la Gran Vía, a ver, c/Silva. Su gabardina no es el atuendo más apropiado para los 36ºC, pero no es negociable. Cuando en una tienda encuentra inesperadamente material impreso del Doctor Who, sale nervioso y se sienta a inspeccionarlo en la plaza de la Luna. Una chica de 30ytantos que aparenta 60, escuálida y ojerosa, le mira mientras se acerca con su brik de vino tembloroso. Hasta un preadolescente como él es capaz de ver en sus ojos violetas toda la belleza y el dolor del mundo. Señalando su gabardina dice: “Yo estaba enamorada de ti. Pero eso fue antes de hacerme yonki ¡JA!


Posted by henareta at 15:49:23 | Permanent Link | Comments (1) |

PARASEXO en la playa

Empieza a anochecer y en la playa ya no queda nadie, a pesar de que el baño con la última luz del día es el más placentero. En la orilla mientras el cuerpo se aclimata a la temperatura del agua. Una punzada en la planta del pie y el veneno ya está dentro. Un escorpión marino. El líquido ponzoñoso paraliza mis dedos, que comienzan a hincharse a golpe de latido, como si el corazón, cansado de latitudes tan septentrionales, hubiera descendido a la llamada del calor. Me tumbo en la arena, cierro los ojos y por mi torrente sanguíneo comienzan a cantar las sirenas mientras el dolor me recorre la pierna, fuertemente atada con cuerdas al mástil, y Circe y Calipso me besan y me abrazan la piel salada y naufrago y una mano familiar me despierta: “Odiseo, Odiseo”. Es Penélope. Estoy en Ítaca


Posted by henareta at 15:39:08 | Permanent Link | Comments (2) |

PARASEXO en el parquímetro

Adela aparca el coche de su esposo en Alonso Martínez, camina rápido hacia la clínica y se percata de que no ha pagado el parquímetro, con lo tarde que llego, qué cabeza, dichosa exploración. Vuelve sobre sus pasos mientras busca las monedas, llega al aparato, intenta leer rápidamente las instrucciones y calcular cuánto dura una consulta, pero se pone aún más nerviosa, maldito coche, maldito bulto y malditos todos. Entonces llega la chica y ayuda a Adela, que no puede despegar sus ojos de esas manos. Meter moneda teclear matrícula retirar comprobante. Adela se descubre contemplando esas manos fuera del tiempo, y ya no oye nada, sólo dice “eres un ángel”, recoge en sus manos las mandíbulas de la chica y le da un beso en los labios


Posted by henareta at 15:37:48 | Permanent Link | Comments (0) |

PARASEXO en el Museo de los Horrores

Cabezadecaja se toma muy en serio el cuidado de las reliquias del Museo de los Horrores. La estrella del Museo, una pieza única que requiere un mantenimiento especial para compensar el fuerte deterioro que trae consigo el paso del tiempo, tic-tac, y de los visitantes, a ver-a ver, es CORAZÓN. Como casi todas las grandes piezas de Museo, CORAZÓN ha sufrido ya más de un atentado, pero Cabezadecaja se resistía a dejar de exponerlo al público. Hasta que la última agresión le llevó a tomar la determinación de colocar a CORAZÓN dentro de una vitrina blindada y transparente. Se ve, pero no se toca. Desde entonces todo son ventajas: cuando Cabezadecaja va a peinarse cada mañana ya no necesita espejo en el que mirarse, se contempla a sí mismo a través de la cristalina superficie
Posted by henareta at 15:36:47 | Permanent Link | Comments (0) |
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